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  • Consideran muy importante una comunicación y sincronización temprana entre el oncólogo y el centro de reproducción para valorar la preservación de la fertilidad antes del inicio del tratamiento oncológico.
  • La vitrificación, frente a la congelación lenta, tiene la ventaja de evitar la formación de cristales intracelulares que pueden dañar las células.
  • Piden a los oncólogos que valoren utilizar las terapias que siendo igual de efectivas, afecten lo menos posible a la fertilidad.

Valencia (11.03.13). Un paciente que padezca cáncer no está condenado a renunciar a su futura paternidad/maternidad gracias a los avances en preservación de la fertilidad. Así lo manifiestan desde CREA (Centro Médico de Reproducción Asistida de Valencia). Este centro médico, referente a nivel nacional en reproducción asistida, fue pionero en abandonar el método clásico de congelación y desde el año 2005 se decantaron por la vitrificación como método exclusivo para el mantenimiento de embriones a bajas temperaturas ya que tiene la ventaja de evitar la formación de cristales intracelulares y minimizar así el daño celular por la crioconservación.

La doctora Carmen Calatayud, co-directora de CREA considera muy importante una comunicación y sincronización temprana entre el oncólogo y el centro de reproducción “para preservar la fertilidad antes del tratamiento oncológico ya que de la celeridad con la que se actúe, va a depender el éxito de la preservación”. Además, ha instado a que los oncólogos se conciencien de la importancia de considerar la posibilidad de recurrir a terapias que pudiendo ser igual de efectivas para el tratamiento oncológico, afecten lo menos posible a la fertilidad.

Algunas de las secuelas de estos tratamientos oncológicos pueden ser la amenorrea (desaparición de la menstruación) y la disminución de la reserva ovárica de las mujeres llegando a quedar como si la mujer tuviera 10 años más. En este sentido, la doctora Calatayud considera que las mujeres que vayan a recibir tratamiento oncológico deben preservar la fertilidad antes de iniciar la quimioterapia o radioterapia, “ya que los efectos de éstas sobre la fertilidad pueden llegar a ser devastadores. De la celeridad con la que se actúe va a depender en gran medida el éxito de preservar la fertilidad”. No obstante, señala que es muy importante estudiar cada caso de forma individual ya que “la presencia de metástasis podría desaconsejar una estimulación ovárica”.

Gracias al avance en estas técnicas se puede ofrecer a estas mujeres la oportunidad de realizar su sueño de ser madres una vez superada la enfermedad, sin renunciar a que sea de su propio material genético. A diferencia de los varones, las mujeres nacen con una dotación limitada de ovocitos que va disminuyendo a partir de los 35 años cuando apenas queda un 10% de la reserva inicial, a lo que se suma la reducción de la calidad ovocitaria, por lo que las posibilidades de gestación se ven mermadas con la edad. Es por ello por lo que se aconseja realizar la preservación de la fertilidad cuando todavía hay una adecuada reserva ovocitaria, es decir no más tarde de los 35 a 38 años. Si bien como señala la doctora Calatayud, “incluso en edades más avanzadas se debe valorar a cada paciente de forma individual”.

Las técnicas que ofrecen mejores resultados son la vitrificación de ovocitos y de embriones. En ambos casos se requiere una estimulación ovárica previa y la recuperación de esos ovocitos mediante aspiración folicular. Obtenidos los ovocitos, serán vitrificados aquellos que sean maduros y presenten una buena calidad. En el caso de la vitrificación de embriones, los ovocitos serán inseminados con los espermatozoides de la pareja o de un donante anónimo, según el caso. “La aparición de la técnica de vitrificación embrionaria ha posibilitado una mayor efectividad al lograse mejor supervivencia de los embriones y una mejor tasa de implantación, lo que se traduce en mejores tasas de embarazo”.

Respecto a la congelación de tejido ovárico y su posterior maduración in Vitro, la co-directora de CREA ha señalado que “es una técnica con un futuro muy interesante”. En referencia al autotrasplante de ovario, ha destacado que aunque es poco utilizada, supone otra opción para estas pacientes. Se trata de trasplantar el ovario a una zona alejada de donde se vaya a recibir radioterapia para que ésta no afecte a la reserva del ovario (trasplante heterotópico). En los casos en los que se reimplanta tejido ovárico, no sólo se preserva la fertilidad, sino que se puede recuperar además la función endocrina del ovario.

Por lo que respecta a la preservación de fertilidad en los varones que van a recibir un tratamiento oncológico, se realizará previamente la congelación de sus espermatozoides. Se valorará la supervivencia a la congelación de cada muestra congelada y según el resultado se aconsejará congelar tantas muestras como sea posible antes del comienzo de la terapia.

Como ayuda a la detección precoz del cáncer de testículo o de alguna patología de tipo reproductivo en el varón, entre otras rutinas como la autoexploración, CREA aconseja el análisis de una muestra de semen a los varones de entre 15 y 35 años. Según ha señalado la co-directora de CREA “el cáncer de testículo es el más frecuente entre los varones jóvenes de entre 15 y 35 años y su incidencia está aumentando en la actualidad”. La Dra. Calatayud ha advertido que “en ocasiones, el primer signo de la aparición de esta enfermedad es una gran reducción en la producción de espermatozoides lo que solo puede ser diagnosticado a través de un análisis de semen”.

De hecho, según datos de la pasada campaña, el 60 % de los jóvenes presentaba valores por debajo de los niveles de referencia de normalidad establecidos por la OMS, un signo de posibles problemas de tipo reproductivo, pero también, en determinados casos, de mayor riesgo de aparición de un proceso neoplásico a nivel testicular.

La co-directora de CREA también ha subrayado que la demanda por parte de la sociedad para preservar la fertilidad ha ido aumentando en los últimos años no sólo por cuestiones médicas sino también por razones sociales. En este sentido, ha apuntado que en la actualidad la edad media de la mujer, cuando tiene a su primer hijo, está entre los 30 y los 34 años, pero que en un 20 % de los casos se sitúa entre los 34 y 39 años. Calatayud finaliza afirmando que “la preservación de la fertilidad va dirigida a mujeres y hombres que por motivos médicos o de otra índole, deciden guardar su material genético para poder posponer sus deseos reproductivos“ y que “gracias a los avances en la preservación de la fertilidad, la aparición de un cáncer no supone una renuncia a tener descendencia”.

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