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  • Los tratamientos oncológicos envejecen diez años la reserva ovárica de las mujeres lo que dificulta la posibilidad de embarazarse una vez superada la enfermedad
  • Destacan el autotrasplante de ovario y la congelación de tejido ovárico como otras opciones de futuro en la preservación de la fertilidad

Valencia 03.02.15.- Los avances en la preservación de la fertilidad hacen posible que, hoy en día, un paciente con cáncer no tenga que renunciar a su futura paternidad/maternidad. “La aparición de un cáncer ya no supone una renuncia a tener descendencia”. Así lo manifiestan desde CREA (Centro Médico de Reproducción Asistida de Valencia), pionero en abandonar el método clásico de congelación y que, desde el año 2005, apuesta por la técnica de vitrificación como método exclusivo por mantener los embriones a bajas temperaturas evitando la formación de cristales intracelulares, y por tanto, el daño celular que la crioconservación puede ocasionar.

Entre las secuelas de los tratamientos oncológicos en las mujeres destacan la amenorrea (desaparición de la menstruación) y la disminución de la reserva ovárica llegando a quedar ésta como si tuviera 10 años más, lo que dificulta la posibilidad de embarazarse una vez superada la enfermedad. En este sentido, la doctora Carmen Calatayud, co-directora de CREA considera que las mujeres que vayan a recibir tratamiento oncológico deben preservar la fertilidad antes de iniciar la quimioterapia o radioterapia, “ya que los efectos de éstas sobre la fertilidad pueden llegar a ser devastadores. De la celeridad con la que se actúe va a depender en gran medida el éxito de preservar la fertilidad”. No obstante, señala que es muy importante estudiar cada caso de forma individual ya que “la presencia de metástasis podría desaconsejar una estimulación ovárica”.

Gracias al avance en estas técnicas se puede ofrecer a estas mujeres la oportunidad de realizar su sueño de ser madres una vez superada la enfermedad, sin renunciar a que sea de su propio material genético. Las técnicas que ofrecen mejores resultados son la vitrificación de ovocitos y de embriones. En ambos casos se requiere una estimulación ovárica previa y la recuperación de esos ovocitos mediante aspiración folicular. Obtenidos los ovocitos, se vitrifican aquellos que son maduros y presentan una buena calidad. En el caso de la vitrificación de embriones, los ovocitos son inseminados con los espermatozoides de la pareja o de un donante anónimo, según el caso. “La aparición de la técnica de vitrificación embrionaria ha posibilitado una mayor efectividad al lograrse mejor supervivencia de los embriones y una mejor tasa de implantación, lo que se traduce en mejores tasas de embarazo”.

Respecto a la congelación de tejido ovárico y su posterior maduración in Vitro, la co-directora de CREA ha señalado que “es una técnica con un futuro muy interesante”. En referencia al autotrasplante de ovario, ha destacado que aunque es poco utilizada, supone otra opción para estas pacientes. Se trata de trasplantar el ovario a una zona alejada de donde se vaya a recibir radioterapia para que ésta no afecte a la reserva del ovario (trasplante heterotópico). En los casos en los que se reimplanta tejido ovárico, no sólo se preserva la fertilidad, sino que se puede recuperar además la función endocrina del ovario.

Preservación en el varón

Por lo que respecta a la preservación de fertilidad en los varones que van a recibir un tratamiento oncológico, se realizará previamente la congelación de sus espermatozoides. Se valorará la supervivencia a la congelación de cada muestra congelada y según el resultado se aconsejará congelar tantas muestras como sea posible antes del comienzo de la terapia.

Como ayuda a la detección precoz del cáncer de testículo o de alguna patología de tipo reproductivo en el varón, entre otras rutinas como la autoexploración, CREA aconseja el análisis de una muestra de semen a los varones de entre 15 y 35 años. Según ha señalado la co-directora de CREA “el cáncer de testículo es el más frecuente entre los varones jóvenes de entre 15 y 35 años y su incidencia está aumentando en la actualidad”. La Dra. Calatayud ha advertido que “en ocasiones, el primer signo de la aparición de esta enfermedad es una gran reducción en la producción de espermatozoides lo que solo puede ser diagnosticado a través de un análisis de semen”.

La demanda por parte de la sociedad para preservar la fertilidad ha ido aumentando en los últimos años no sólo por cuestiones médicas sino también por razones sociales. En este sentido, ha apuntado que en la actualidad la edad media de la mujer, cuando tiene a su primer hijo, está entre los 30 y los 34 años, pero que en un 20 % de los casos se sitúa entre los 34 y 39 años. En los casos en los que la razón de preservar la fertilidad sea posponer la maternidad de forma voluntaria, lo aconsejable es hacerlo antes de los 35 años para poder asegurar una mejor calidad ovocitaria y por tanto tener mejores expectativas en un futuro.

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