Carmen Calatayud
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Preguntas frecuentes sobre reproducción asistida

¿Por qué no podemos tener niños de forma natural?

Aproximadamente una de cada cinco parejas en edad fértil no pueden conseguir tener un embarazo de forma natural o que este se desarrolle correctamente hasta el final, después de haber estado al menos un año intentándolo. Se habla entonces de infertilidad o de esterilidad, y las causas pueden estar tanto en el hombre como en la mujer. En aproximadamente la mitad de los casos existe un problema en el semen, porque hay pocos espermatozoides o estos tienen baja calidad en cuanto a su movilidad o su morfología. En otros casos, el problema está en la mujer, porque su ovulación es incorrecta o porque sus trompas de Falopio están obstruidas, por ejemplo. Hay muchas otras causas de infertilidad y con frecuencia se asocia algún problema, tanto en el varón como en la mujer. Lo más aconsejable es acudir a un centro médico especializado, porque afortunadamente la gran mayoría de los casos, una vez estudiados, tienen una solución sencilla, y porque hay que descartar que la infertilidad, tanto en el hombre como en la mujer, pueda ser debida a una enfermedad más importante y puede, por ello, requerir un tratamiento específico.

¿Qué es la esterilidad y qué la infertilidad?

Se habla indiferentemente de esterilidad o de infertilidad para referirnos a las parejas que no pueden tener niños. Médicamente sí se diferencian estos términos; se habla de infertilidad en las parejas en que la mujer queda embarazada pero la gestación no llega a término de forma normal, y de infertilidad secundaria, cuando esto ocurre en parejas que ya tienen un niño o niña gestado de forma natural. Se habla, sin embargo, de esterilidad cuando después de un año de relaciones sin tomar medidas de protección, no se ha producido ningún embarazo, y de esterilidad secundaria en parejas que, después de haber tenido un primer hijo, no logran una nueva gestación a lo largo de dos años. En la práctica esta diferenciación es poco importante para la pareja porque, sea cual sea su caso, en la mayoría de las ocasiones será posible resolverlo y conseguir el embarazo. Nosotros vamos a hablar indistintamente de infertilidad o de esterilidad, para referirnos a cualquier caso en el que no se consigue tener descendencia de forma natural.

¿A cuantas parejas afecta?

Aproximadamente, de cada diez parejas en edad reproductiva que mantienen relaciones sexuales de forma regular y sin protección anticonceptiva a lo largo de un año, en una o dos no se consigue que se produzca un embarazo de forma natural sin un tratamiento específico. Esto significa que, en nuestro país, hay cerca de un millón de parejas estériles. Hoy en día se calcula que al menos uno de cada diez recién nacidos es concebido mediante algún tipo de ayuda médica.

¿Hay cada vez menos fertilidad y, por ello, un descenso en la natalidad?

En los países desarrollados se está produciendo, efectivamente, un aumento en los casos de infertilidad y un descenso en la natalidad. Cada vez más mujeres buscan la maternidad en edades más avanzadas, cuando sus posibilidades de embarazo de forma natural son más bajas. Por otra parte, se ha observado a la vez un aumento de la infertilidad de causa masculina por un empeoramiento progresivo de la calidad del semen, posiblemente debido a agentes ambientales como pesticidas, contaminantes, así como por el uso de sustancias y aditivos en algunos alimentos que podrían afectar a la espermatogénesis, como también podrían hacerlo el estrés y el abuso habitual de alcohol, drogas, tabaco, etc.

Aproximadamente en 40 de cada 100 casos existe una mala calidad en el semen, que puede ser debida a un funcionamiento incorrecto de los testículos, una alteración hormonal, una infección de la vía seminal, una obstrucción de los conductos de salida de los espermatozoides, etc. En un porcentaje similar de casos, el semen está normal y existe un problema en la mujer porque sus ovarios no ovulan correctamente, ya sea por una alteración genética u hormonal, o bien por una obstrucción de las trompas de Falopio, o una alteración uterina, o un rechazo contra los espermatozoides, etc. En muchas parejas se asocian problemas en la mujer y en el varón, y también puede haber casos en los que no hay una causa conocida para que no se produzca el embarazo. A veces la infertilidad está producida por una enfermedad general, como alteraciones hormonales, neoplasias, infecciones víricas, o también por obesidad extrema, anorexia, exceso de ejercicio, abuso diario de drogas, alcohol, tabaco, etc. Por último, el trabajo en lugares tóxicos o con un entorno ambiental inadecuado, puede afectar también a la fertilidad.

¿En qué casos puede solucionarse?

Hoy en día se puede dar solución a la gran mayoría de casos de infertilidad. Lo importante es que la pareja consulte y que lo haga en un centro médico especializado. Cada vez es más frecuente y mejor aceptada la concepción con ayuda médica. Solo una de cada diez parejas se resigna y opta por no tener descendencia. Cada año vienen al mundo más de cien mil niños gracias a las técnicas de reproducción asistida.

¿Se pueden mejorar de forma natural las posibilidades de embarazo?

Nadie duda de la importancia de llevar una vida sana para el correcto desarrollo de feto durante el embarazo. Igualmente importante puede ser adoptar una serie de precauciones y estilo de vida cuando se está intentando lograr la gestación. En primer lugar, es importante comer de forma sana y mantener un peso óptimo, tanto en la mujer como en el hombre, para que el sistema hormonal y los órganos genitales respondan correctamente. Ningún tipo de alimento concreto aumenta por sí mismo la fertilidad, siendo lo fundamental el llevar una alimentación equilibrada. Aumentar la cantidad de vitaminas C, D y E, el calcio, etc., puede resultar beneficioso (aunque siempre bajo la supervisión de un especialista). También se ha visto una posible relación con dietas ricas en Zinc y Selenio, contenido en pescados y carnes frescos. Una dieta incorrecta, sin embargo, puede producir una deficiencia vitamínica o una anemia que afecte al funcionamiento de las gónadas. Un porcentaje excesivo de grasa en la masa corporal puede repercutir directamente en los niveles hormonales. Un sobrepeso puede llegar a ser contraproducente para lograr la gestación y, por el contrario, una persona excesivamente delgada puede tener alteraciones del ciclo menstrual. El ejercicio físico moderado y habitual sí es adecuado y aconsejable. En segundo lugar, hay que intentar evitar ingerir o inhalar substancias que afecten a las posibilidades de embarazo. Hay evidencias de que tabaco y alcohol, por ejemplo, pueden afectar a la fertilidad y, posteriormente, producir un bajo peso en el recién nacido. Estudios similares encuentran relación entre el exceso de cafeína y alteraciones hormonales. Otras toxinas se encuentran en el ambiente o en el trabajo, como pesticidas o sustancias químicas que pueden ser inhaladas y que pueden actuar modificando las hormonas. Se deberían tomar medidas para evitar un ambiente de trabajo excesivamente caluroso, sobre todo en el varón. Una ropa excesivamente ajustada o con materiales que aumenten la temperatura, también puede influir en el funcionamiento de los testículos. El estrés es otro de los factores que podrían influir. La Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (ASRM), afirma que los altos niveles de estrés pueden llegar a causar espasmos en las trompas de Falopio o disminuir la producción de espermatozoides en el hombre. Todos conocemos la referencia de algún familiar o conocido que después de mucho tiempo sin conseguir embarazo, este se ha producido después de unas vacaciones o al haber realizado un viaje de placer.

¿Qué días de la mujer son los más fértiles? ¿Cómo puedes saber los días que ovulas?

La ovulación o periodo fértil de la mujer se produce hacia la mitad de cada ciclo, sobre el día decimocuarto en el supuesto de un ciclo de 28 días. La ovulación se puede detectar de varias maneras; una de las más tradicionales es la medición de la temperatura basal, ya que como consecuencia de la ovulación se produce un ligero aumento de la misma, que se debe a la aparición de una hormona llamada progesterona, después de la ovulación. Otra manera de diagnosticar la ovulación es por el aspecto del moco que produce el cuello uterino. A medida que nos acercamos a la ovulación, la cantidad de este moco aumenta y se transforma en una secreción trasparente y filante (se estira y no se rompe). Este tipo de moco permite el ascenso de los espermatozoides. Antes y después de la ovulación, este moco es más compacto y opaco. Otro método para detectar la ovulación es a través de la medición de una hormona llamada LH, que es la que desencadena la ovulación. La LH es detectable tanto en sangre como en orina. Cuando el análisis da positivo significa que la ovulación posiblemente tendrá lugar dentro de las siguientes 40 horas. Hay otros métodos para la detección de la ovulación, aunque ya escaparían del manejo casero de los mismos; estos son fundamentalmente la cuantificación de hormonas –como el estradiol o la progesterona- y la observación del crecimiento del folículo ovárico (dentro del cual se encuentra el óvulo), mediante ecografía transvaginal.

¿Cuándo es mejor tener relaciones sexuales para tener más posibilidades de embarazo?

Generalmente, si la mujer tiene un ciclo regular, se recomendaría iniciar las relaciones a partir del noveno o décimo día del ciclo (después de haber estado antes el marido durante cuatro o cinco días sin haber eyaculado) y, a partir de este día, tener relaciones a días alternos durante aproximadamente una semana. Si el semen es normal, tener relaciones todos los días no afectará al pronóstico, pero si la calidad o cantidad de espermatozoides es baja o muy justa, tener relaciones con más frecuencia sí podría disminuir las posibilidades de embarazo.

¿Cómo es mejor tener relaciones sexuales para tener más posibilidades de embarazo?

Hay una serie de dichos, creencias y prejuicios inciertos que nos hacen en ocasiones preguntarnos si determinadas actuaciones pueden dificultar o favorecer para que se produzca un embarazo. Por ejemplo, se sabe que ningún tipo de posición determinada durante el coito influye en las posibilidades de gestación. Tampoco el hecho de tener o no orgasmo afecta por ejemplo al ascenso de los espermatozoides, ni por tanto a las posibilidades de embarazo. Permanecer acostada después de haber mantenido relaciones para favorecer el ascenso hacia el útero de los espermatozoides tampoco mejora nada, ya que este ascenso se produce de forma inmediata y, por lo tanto, este reposo no es necesario, como tampoco lo es elevar las piernas o colocarse en posiciones similares. Obviamente, tampoco es mejor que el varón permanezca por un tiempo con su miembro dentro de la vagina para que no salga el semen, ya que las contracciones uterinas hacen que los espermatozoides penetren rápidamente en el útero y, los que no lo hagan, caerán igualmente hacia la vagina. Sí que es desaconsejable que la mujer se haga una ducha vaginal justo después del coito o que se utilicen lubricantes que pueden afectar a la movilidad espermática. Tampoco el uso habitual de tampones puede afectar a la fertilidad de una mujer ni el hecho de haber tomado anticonceptivos u otro método anticonceptivo, si se ha realizado de forma conveniente.

¿Pueden afectar los nervios o el estrés a la fertilidad?

Se han relacionado la ansiedad y el estrés con una disminución en la fertilidad, aunque es difícil valorar hasta qué punto pueden ser causa suficiente para que no se produzca un embarazo. De lo que no cabe duda es que la infertilidad produce un estado de ansiedad en la pareja que puede deteriorar sus relaciones y su calidad de vida, por lo que en ocasiones debe ser tratado específicamente.

¿Cómo afecta la edad a la fertilidad?

Hoy en día es cada vez más frecuente que las parejas decidan buscar el primer embarazo cuando la edad más fértil de la mujer ya ha pasado. A partir de los 35 años la fertilidad femenina disminuye progresivamente y, a partir de los 45, la posibilidad de embarazo es mucho más excepcional. En el hombre parece que la calidad del semen solo empeora a partir de los 50 años, aunque se pueden producir embarazos con varones de más de 70 años.

¿La culpa suele ser del hombre o de la mujer?

La culpa no es de nadie, de la misma manera que un diabético de nacimiento, por ejemplo, no tiene la culpa de que su páncreas funcione mal. Estadísticamente hay que decir que en casi la mitad de los casos existe una causa masculina, ya sea por una alteración en los testículos, una obstrucción de los conductos de salida de los espermatozoides, alteraciones en la próstata, problemas de erección o de eyaculación, alteraciones hormonales, etc. En un porcentaje similar de casos existe una causa femenina, como la endometriosis, obstrucción de las trompas de Falopio, disfunción ovárica y mala ovulación por un problema genético u hormonal, menopausia precoz, alteraciones uterinas, etc. En el resto de casos existen causas mixtas o combinadas, o bien no hay causa conocida para que no se produzca la gestación. En cualquier caso, el estudio y el tratamiento se debe hacer siempre de la pareja, como unidad, y es muy importante que ambos miembros colaboren en la consecución del embarazo.