Qué despacio pasa el tiempo cuando estás esperando… Algo más de tres semanas viendo pasar el segundero. Por el camino mis dos analíticas de sangre programadas para el tercer día de regla y el 21 de ciclo. ¡Menos mal que ninguno de los dos cayó en fin de semana, porque habríamos perdido un mes!
Por fin estuvieron los resultados de todas las pruebas y fuimos a la segunda visita programada. Teníamos cita con la doctora y yo tenía sentimientos encontrados. Por un lado, deseaba con todas mis fuerzas que llegara el momento para saber cuál era la situación y poder empezar. Por otro, estaba asustada por si algo iba mal, por si aparecía algún problema que nos impidiera seguir adelante…
Lo que más me preocupaba eran los cariotipos. Nunca antes había oído hablar de esa prueba genética, pero nos habían explicado que era importante para ver si éramos portadores de alguna alteración cromosómica que pudiera afectar a nuestros hijos. ¡Cómo respiré al escuchar que estaba todo en orden!
Por lo demás, mi útero era normal y mi reserva ovárica baja. La doctora me indicó que por mis condiciones haremos una invitro. No sé si era lo que quería oír, pero tengo claro que ahora lo que toca es escuchar y seguir avanzando.
La sorpresa vino con los resultados de Dani. Aún recuerdo las palabras: “Tienes una alteración en el espermiograma”. ¿Cómo? ¿Que el problema lo tiene él? No lo entendí y Dani reaccionó con un “no puede ser, nunca he tenido ninguna dificultad”.
Fueron unos minutos tensos, hasta que, una vez más, la doctora nos acompañó en el proceso de entender, aceptar y saber que era parte del camino. Nos remitieron al andrólogo para conocer la causa de esa alternación y descartar enfermedades graves o riesgos genéticos.

