Al tercer control fui contenta y nerviosa al mismo tiempo. Siempre recordaré el instante en que me dijeron que ya estaba lista para que me sacaran los óvulos. Tenía que pincharme a las ocho de la tarde mi último pinchazo, ¡y ser lo más puntual posible! Y dos días después, a las siete de la mañana, llegaría ese momento largamente esperado: ingresar para la extracción.

Aquella mañana ingresé en la clínica acompañada, como siempre, por Dani. Desde que entré en la habitación todo fueron mimos, ánimos y muestras de cariño por parte de todo el equipo médico. La enfermera revisó que todo estaba correcto y mientras nosotros estábamos histéricos, ella consiguió calmarnos a los dos antes de ponerme el gotero y bajarme a quirófano.

15 minutos. Solo 15 minutos duró la extracción y una hora después estaba hablando con Dani como si nada hubiera sucedido. No podía creerlo. Sentía molestias, pero ni mucho menos lo que yo pensaba. Tanto miedo a ese proceso y, realmente, había sido mucho peor en mi imaginación.

Mientras yo estaba en quirófano, Dani había recogido una muestra y un rato después, cerca de las 11, ya estábamos camino de casa para descansar.

¡Ah, antes tuvimos la visita del médico y con él llegaron las mejores noticias posibles! Todo había salido fantásticamente bien y habían salido los siete ovocitos que preveían.

A la espera de la transferencia

Tras 24 horas estábamos tan nerviosos como el primer día a la espera de saber qué estaba pasando. Mientras hacíamos cábalas, recibí la llamada de las biólogas: “Ha ido fenomenal, han fecundado seis de los siete”.

¡Oh, madre mía! Me saltaron las lágrimas. Cuando pones tanto esfuerzo e ilusión en algo cada pequeño logro es increíble…

En aquella llamada me indicaron que debía ponerme una nueva medicación. Unos ovulitos durante cinco días.

Durante estos días he estado en contacto con los biólogos que, justo esta mañana, me han dado un gran regalo de buenos días: dos de los embriones han llegado a blastocisto y mañana me van a poner uno. El otro lo van a congelar para el futuro.

¡Mañana es el gran día!

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